Galería fotográfica de la charla impartida "Miguel Hidalgo y Costilla: Entre mitos, anécdotas y genealogías".…
Entrevista*
Por Víctor Alvarado
Es arrancarme el corazón,
ponerlo en mis manos y
regalárselo a la humanidad.
Noé Padilla Zárate
Noé Padilla Zárate es doctor en Derecho, poeta y aficionado a la pintura. Oriundo del Estado de Oaxaca, su identidad y obra lírica están marcadas por esa herencia histórica, cultural y lingüística, que se extiende hacia el bellísimo Estado de Chiapas, que comparte con su familia. Es autor de varios libros de poesía y, recientemente, expuso obra pictórica en el lobby principal de la Cámara de Diputados; esto lo convierte en una voz creativa poco común en el ámbito institucional.
Hace unos días lo visité en su oficina. Era un viernes caluroso. Como suele suceder, el cierre semanal en oficinas es menos cargado, el ambiente es tranquilo y no hay bullicio. Llegué sin más pretensión que la de pasar un rato de charla con mi amigo, aunque, como siempre ocurre con Noé, la conversación se pone interesante y se prolonga.
Salimos frente al recinto; en esos callejones modestos hay variedad de puestos y fondas. Escogimos al azar, una cocina familiar. Nos acomodamos. Entre ruido de cubiertos, un bebé llorón, pregones de meseras y conversaciones ajenas, fuimos ordenando. Un buen consomé caliente, arroz con huevo, muslos al ajillo y costillas asadas, la clásica comida corrida. Para acompañar, agua de fruta, —y, al ratito, por qué no, una cerveza fría que cayó como bendición.
Ahí, entre plato y plato, comenzó la charla. Excelente conversador, generoso en detalles y risotadas, Noé sabe dar a cada frase y palabra su propio peso e importancia. Por mi parte, curioso y preguntón, aprovecho para indagar sobre diversas cuestiones, de sus versos, su inspiración, de su experiencia en la pintura.
Él me lanzó la primera pregunta, me dijo que si alguna obra me había hecho llorar. Y luego, sin titubear, me contó que una obra que a él emocionó, entristeció y le había arrancado algunas lágrimas fue El amigo Manzo, de Benito Pérez Galdós.
…una novela que le da vida a Máximo Manzo, un hombre crítico, inherente en cada momento en curso de una sociedad de cualquier país, porque no hay sociedad perfecta. Un hombre vertical, que se mantiene en el anonimato y al que el amor lo doblega.
Ya que arrancamos, quise saber cómo había sido su primer contacto con la poesía; siempre hay un momento, un punto de quiebre inolvidable para el autor. Noé sonrió tranquilo. Tomó un poco de su consomé y se remontó varios años atrás para recordar su infancia.
Me contó que en un acto cívico, un amigo y compañero suyo de escuela —ahora profesor, de nombre Adrián García García— declamó el poema “Como Dios manda”, atribuido al poeta español Manuel Benítez Carrasco. Luego Noé hizo una pausa, como quien quiere escuchar todavía el eco de aquellos versos.
Mi estimado Vic, me dijo, la poesía llega a mí por una necesidad de expresarme; no como una fijación, sino con la finalidad de manifestar mis emociones. Anidó en mí y la reforcé para proclamarle mi sentimiento amoroso a una dama, en mi andar por las diversas etapas de mi existencia, aunque esta forma se manifestó cuando tenía veintiséis años de edad, aproximadamente.
A los veintiséis años, una edad ya madura para el artista que desea empezar, aunque para Noé fue el momento ideal en que encontró el camino hacia sus versos.
La conversación, como casi siempre, se fue dirigiendo hacia Oaxaca. Le pregunté de qué manera su origen oaxaqueño aparecía —consciente o inconscientemente— en su obra. Su respuesta, como no podía ser de otra manera, fue casi una proclama:
…la poesía surge como una necesidad de expresión. Desde mi perspectiva, considero que la forma más abierta, sincera y clara —sin tapia alguna— para enunciar, ensalzar y enaltecer al pueblo que te vio nacer y que no podrá negarte la identidad, es a través de la poesía libertaria.
Sin solemnidad y con firmeza, así lo sentenció Noé. Así como quien lleva años defendiendo esa convicción. Por mi parte, que he podido leer algunos de sus poemas, confirmo que Oaxaca es vida y paisaje literario, además de raíz cultural y riqueza lingüística.

Llegaron a la mesa los platillos. Aproveché para preguntarle por su proceso creativo, cómo nace el poema o de dónde le vienen las ideas. La respuesta fue, quizá, la más notable de la tarde: Mira, Vic, me dijo, es muy simple: llega la musa, a la hora que sea, me habla en voz baja, se aprovecha para respirarme al oído; luego entonces me excita y me empieza a dictar el poema que, a través de mis ojos y pensamientos, toma forma. Si tengo una servilleta de papel o un libro en una de sus páginas —lo anoto escribiendo en el espacio de una de sus hojas—, lo hago para que no se me escape como el zunzuncito.
Imaginé al colibrí, que es como a las palabras que a veces hay que atraparlas pronto porque si no se nos escapan. Luego me contó que tiene un grupo de WhatsApp que se llama «Poemas, te amo», entre él y su esposa, y con frecuencia escribe en ese espacio. Confiesa que ha sido cuestionado sobre si lo que él escribe ahí se lo dedicaba a alguien en especial o en quién estaba él pensando. Ya medio risueño, me dice Noé que con el tiempo y mediante charlas, esos aspectos en pareja se superan.

Me quedé un momento pensativo, entre aquel bullicio. Después de una breve pausa, me dijo: En aquella mesa está quien fuera mi compañero y jefe durante mi larga estancia en la Contraloría de Cámara. Qué buenos años pasé ahí, me dijo. Y claro que también aproveché un poco el comentario para indagar sobre su profesión y formación como abogado, y la relación de su disciplina con su pasión por la poesía.
Noé apartó su plato vacío, se acomodó y me dijo que el Derecho y la poesía son muy afines y van de la mano contra la injusticia:
Se busca y se pugna por la igualdad y, por supuesto, por la libertad. Son elementos sustanciales: en el Derecho se plasman, a veces en una ley y en otras se coartan; en la poesía se grita, se exige —aunque no sea coercitivo—, aun siendo utópico, se tiene manifiesta, se aclama y se reclama, en mayúsculas y en toda la extensión de la palabra.
Así, como si armara el verso al puro vuelo, se sonrió, casi para sí mismo. Remató diciendo que, por un lado, el Derecho es coercitivo y, por el otro, la poesía es una quimera que permite alucinar y que lo importante es desahogarse mediante los versos.
Fue inevitable de pronto recordar que Cortázar, aquel afamado autor argentino, decía algo semejante, que la escritura servía para curarse de alguna enfermedad. Fue evidente la respuesta poética de Noé: “desahogarse mediante los versos” para lograr la libertad.
Llegaron a la mesa las costillas asadas con sus tortillas. Le pregunté sobre su afición por la pintura, la similitud con la poesía y por su reciente experiencia como expositor de sus pinturas en el lobby de la Cámara. Su respuesta me entusiasmó. Me contó del amor profundo que le tiene a la heredad —no refiriéndose a una posesión, sino a un rostro imaginario, utópico, metafórico— que le da identidad, y que su exposición pictórica se intituló El rostro cultural de San Andrés Huaxpaltepec, Oaxaca.
En un separador de libros alusivo, me dijo, plasmé los siguientes versos, y los recitó:
A San Andrés Huaxpaltepec,
que con su telar de cintura
tejió mi acogedor y colorido nido.
Ha sido mi sueño más nutrido,
me rescató de la tumba en el olvido.
Luego, regresó sus manos con su ademán y volvió a la respuesta. Es la forma, me dijo refiriéndose a la poesía, la forma más profunda e íntima de expresión; nace del alma, del espíritu y del cuerpo. Es arrancarme el corazón, ponerlo en mis manos y regalárselo a la humanidad. En cada línea convertida en verso es desnudarme y mostrarme sin tapujos tal cual soy; incluso abrir mi pecho y mostrar el corazón, y ver cómo fluye la sangre en mis arterias y venas.
En la pintura, continuó Noé, en una obra a la que se le logra dar forma, de igual manera va inmerso mi corazón, mis sentimientos en todos los sentidos —adversos o perversos—, con la firme idea de despertar la conciencia de quien la observa, y en la misma tesitura va la poesía: es no dejar indiferente a quien observe la pintura ni a quien se dé la oportunidad de leer un poema.
Brindamos, con una cerveza fría, sin más, así por las palabras, por el gusto y por el placer de la conversación. Quise remontarlo entonces, un poco más atrás todavía, a aquellos años de los que el escritor siempre extrae, incluso involuntariamente, parte de sus mejores materiales. Le pedí que recordara algo en particular de su niñez.

Sin pensarlo tanto, suavizando sus facciones, como quien se asoma a la ventana del pasado, me platicó sobre las danzas auténticas y oriundas de su comunidad —que tienen que ver mucho con las tradiciones, costumbres, usos, desusos y abusos—; me dice que lo retrotraen indefectiblemente a su infancia. Y, como un susurro, declama otros versos suyos:
…tumba en el olvido.
Fue mi papalote, más brillante,
que iluminó mi infancia,
la mejor estancia e instancia de mi vida.
“Las danzas de los Tejorones de máscara negra y de plumas”, me dice Noé que así, tentativamente, intitulará el nuevo poemario que tiene en puerta, dedicado a San Andrés Huaxpaltepec, y luego, sin más, suelta otra bella estrofa:
La nostalgia me espina,
Huaxpaltepec me mima,
la danza de sus Tejorones
me reaniman y me llenan de gozo.
Para seguir el hilo, le pedí que me relatara un poco sobre cómo se vive en casa esa rica mezcla de dos culturas que lo han ido construyendo: la oaxaqueña, suya por nacimiento, y la chiapaneca, que entró por la puerta del amor cuando se casó. Y quise saber qué impacto tenía y qué les aportaba a sus hijos ese doble legado.

Noé, con cierta ternura discreta, me comentó que en su hogar:
«…se convive de manera armoniosa porque las danzas son la convergencia [Chiapas y Oaxaca]: en algunos aspectos parecidas y en otros muy distantes: verbi gratia, los Tancoyis con los Tejorones; aun así, no se pierde el punto de encuentro, que les genera enriquecimiento y orgullo a mis hijos, porque se pueden dar el lujo de conocer ambas porciones de los rostros de Oaxaca: la puerta del paraíso y el paraíso, porque Chiapas es el paraíso.”
Otra frase bellísima, con toda la experiencia del ritmo, la métrica y la simetría, Noé pronuncia «la puerta del paraíso y el paraíso, porque Chiapas es el paraíso». Sólo alguien con el tacto y la sensibilidad de un auténtico poeta podría describir así el lugar de su origen, el lugar del que su mujer proviene y al que ella finalmente se lo llevó.
Para entonces, la sobremesa se había extendido y entre nosotros su regocijo. Pero ya casi llegaba la hora de regresar. Antes de terminar la segunda cerveza, le expresé una última inquietud. Le pedí que recomendara algunos títulos y autores, así como para invitar a alguien a entrarle a la poesía.

Noé se reacomodó y enunció primero a Álvaro Alias Álvarez: Hay que leerlo, dice, el poemario Poesía a destiempo de la eternidad: autor chiapaneco, reminiscente, luminiscente y cándido, y a Efraín Huerta, el Gran Cocodrilo, por la sencillez de elaborar sus versos y lo chusco para no tomarlo con tanta formalidad, pero sí con la profundidad de sus poemínimos. Finalmente, continuó Noé, al ing. Abel Emigdio Baños Delgado, poeta de la negritud, y su obra: Retumbos de mi querencia, un hombre que pone a flor de piel los sentimientos de la negrada, por su forma de hablar, sus vivencias, la idiosincrasia viva que busca la visibilidad de la tercera raíz de esta patria, para que no se le discrimine ni minimice. Así, categórico como sensato, Noé cerró sus recomendaciones.
Casi para terminar, hablamos de proyectos, libros y un poco del trabajo. Quedamos de charlar en otro momento de otros pendientes. El sol dejó ya de azotar la calle y comenzó a escapar. Pedimos la cuenta. Salimos con toda calma y caminamos un trecho de vuelta a la oficina, entre momentos de silencio. Nos despedimos justo en medio de la plaza central. Le agradecí la tarde, la buena charla, su tiempo y sus respuestas. Con su modestia habitual, me dijo que el agradecido era él.
Memoricé uno de sus versos como recuerdo grato, uno que dedicó a su pueblo: “…me rescató de la tumba en el olvido”. Y luego pensé, también, en poder escribir esta conversación para publicarla como señal de amistad y reconocimiento al gran amigo y poeta que es Noé Padilla.
* La entrevista fue concebida en inicio para un trabajo académico; en esos términos fue solicitada. Después decidí publicarla, igualmente con la autorización del poeta.
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